jueves, 4 de abril de 2013

Ya es tarde.


Te invade un escalofrío, luego otro, no los esperas, el frío se te pega a los huesos, te ves solo. 
Y te invade el miedo.

No hay nada que hacer.

Solo.
Por un segundo todo de lo que estabas tan seguro deja de tener sentido y ves dónde te has metido realmente. Te das cuenta de que no quieres morir y que todo ha ido demasiado rápido. Qué tontería has hecho. Qué tontería.

¿Querías ser un héroe?
Lo único que has hecho ha sido cometer un error, el error de tu vida, meterte en un laberinto sin salida. Porque no hay salida. Porque,

ya no hay nada que hacer.

Entonces intentas salir corriendo, gritas y suplicas que te dejen ir, no quieres morir aún, no estás preparado. Te desgarras la garganta y te sumes en la locura, porque no hay nada que hacer, pero te niegas a admitirlo. 
Ya no queda valentía, valentía de esa que te prometió mentiras bonitas al oído. Ya no recuerdas ni por qué lo has hecho.
Sólo intentas escapar como un animal asustado. Desesperado, agarrándote a la vida y esta escurriéndose de tus manos. Intentas escapar.

Pero no hay salida.


Sobre la muerte de Sydney Carton [A Tale of Two Cities]

1 comentario:

Andrea dijo...

Uoh, ¿inspirado en el libro que te leíste para clase de inglés? :) Al final aprovechaste bien el tiempo, entonces.

Me pregunto qué es lo que haría para aparentar ser un héroe. Al fin y al cabo, héroes o no, todos moriremos algún día.

(Me ha gustado mucho. Directa, como a mí me gusta).

P.D.: El gusano//oruga//lo que sea verde que hay en el pie de página del blog me mata. Tenía que decírtelo, lo siento.